Boda en el Monasterio de Piedra
Adentrándonos en la segunda boda en el Monasterio de Piedra, nos sumergimos en una experiencia única, muy diferente a la celebración estival que tuvimos la oportunidad de capturar en julio. En este octubre fresco, Laura y Alejandro, una pareja encantadora, eligieron este lugar impregnado de historia y belleza para sellar su amor.
Preparativos bajo el Abrigo del Otoño
Las horas previas al gran momento se vivieron entre preparativos, risas y emociones. Laura, rodeada de su círculo más cercano, se sumergió en la magia de este día tan especial. Desde los toques finales de su maquillaje hasta el momento en que sus damas de honor aseguraron el último botón de su vestido, cada detalle fue una instantánea de la anticipación y la alegría que preceden a una boda.
Por otro lado, Alejandro, siguiendo el consejo de aprovechar un salón más amplio y luminoso, se preparaba para encontrarse con su futura pareja. Es en estos momentos previos donde la historia de la boda comienza a tejerse, como fotógrafos, buscamos capturar cada instante de de una forma real y natural.
Ceremonia al Resguardo de la Historia
La ceremonia, nuevamente en la iglesia semiderruida pero sacralizada del monasterio, presentó un escenario único. Aunque la luz se volvió más tenue con la caída del sol, la atmósfera adquirió una belleza diferente, añadiendo un toque de misterio y romanticismo. Los “Sí Quiero” resonaron entre las ruinas, marcando el compromiso de Laura y Alejandro en este rincón histórico. La conjugación de la arquitectura antigua y las promesas de amor eterno crearon una simbiosis única, destacando la fusión del pasado y el presente.
Un Banquete Resguardado y la Magia Nocturna
El banquete, trasladado esta vez al Refectorio para resguardarse del frío, se convirtió en una experiencia cálida y acogedora. Las estufas estratégicamente ubicadas emitían un calor reconfortante, mientras que los invitados compartían historias y brindaban por la felicidad de la pareja. Los recuerdos tejidos durante la ceremonia se entrelazaron con el ambiente íntimo del banquete, creando un lienzo de emociones compartidas.
El atardecer marcó el inicio de la noche, y la celebración se trasladó a las antiguas cocinas, transformadas en una vibrante pista de baile. Entre disfraces, proyecciones especiales y la música que guiaba la fiesta, Laura y Alejandro celebraron su unión de una manera única y memorable. Las luces de colores crearon un escenario mágico, donde las risas resonaban y los cuerpos se movían al ritmo de la celebración.
Conclusiones: Otoño, Amor e Historia en el Monasterio de Piedra
Esta boda en el Monasterio de Piedra, abrazada por el otoño, no solo fue la unión de dos almas enamoradas, sino también la fusión de su historia con la rica narrativa del monasterio. Cada rincón brilló de manera especial, creando recuerdos imperecederos. Laura y Alejandro, envueltos en el abrazo del otoño, protagonizaron una celebración única que dejó huellas imborrables en la historia del Monasterio de Piedra. Desde la anticipación de los preparativos hasta la vibrante energía de la pista de baile, cada momento fue una joya en el collar de recuerdos que atesorarán para siempre.

































