Boda en el Cachirulo
Una boda en el Cachirulo es siempre sinónimo de tranquilidad, experiencia y buen funcionamiento. Es una finca que conocemos a la perfección, donde hemos fotografiado infinidad de bodas y en la que trabajamos con la sensación de estar como en casa.
La boda de Luna y Marcos fue un ejemplo perfecto de cómo una celebración hecha a la medida de la pareja es siempre un éxito. Desde el primer momento se respiraba alegría, cercanía y muchas ganas de disfrutar.
Una boda hecha a su imagen y semejanza
Luna y Marcos son de esas personas risueñas, naturales y espontáneas que contagian buen rollo. Y su boda fue exactamente así: sincera, divertida y vivida con intensidad.
No hubo necesidad de encajar nada en moldes. La celebración fue fiel a su forma de ser, y eso se notó en cada momento. Cuando una pareja decide hacer su boda tal y como la siente, sin preocuparse por lo que “debería ser”, el resultado suele ser redondo.
En esta boda en el Cachirulo, lo importante fue disfrutar. Reír, abrazarse, compartir tiempo con la familia y los amigos y vivir el día con naturalidad.
Casarse en el centro y celebrar a las afueras
La ceremonia se celebró en una iglesia del centro de Zaragoza, un entorno con mucho significado para la pareja y su familia. Una elección que aporta ese punto clásico y emotivo al inicio del día.
Uno de los grandes aciertos fue combinar esa ceremonia en pleno centro con la celebración en el Cachirulo. Al estar situado justo a la salida de Zaragoza, los traslados son muy cómodos y fluidos, tanto para la pareja como para los invitados.
Esta combinación facilita mucho la organización y evita desplazamientos largos o complicados, algo que siempre se agradece en un día tan intenso.
El valor de conocer bien la finca
Hemos trabajado muchas veces en esta finca, y eso marca la diferencia. Conocer los espacios, los tiempos y la dinámica del lugar permite anticiparse y trabajar con mucha más calma.
En cada boda en el Cachirulo, esa experiencia previa se traduce en fluidez, en saber dónde estar en cada momento y en poder centrarse únicamente en contar lo que sucede.
Cuando el fotógrafo se mueve con seguridad, la pareja también lo nota y se relaja. Todo fluye mejor.
Una familia cercana y volcada
Otro de los aspectos que hicieron especial esta boda fue el trato recibido por parte de la familia. Desde el primer momento nos hicieron sentir parte del día, con cercanía y confianza.
Ese ambiente familiar y acogedor se refleja en las fotografías. Cuando hay respeto y buen trato entre todos los que participan en la boda, el trabajo se disfruta mucho más.
Este tipo de detalles no siempre se ven, pero se sienten, y forman parte del recuerdo global del día.
Sin reportaje de pareja, por una buena razón
En esta boda en el Cachirulo no realizamos reportaje de pareja durante el día. Fue una decisión consciente y muy acertada.
Luna y Marcos contrataron una postboda, que también está publicada en el blog, y prefirieron dedicar el tiempo de la boda a estar con sus invitados y a disfrutar sin interrupciones.
Separar la parte más pausada y creativa en una postboda permite vivir el día de la boda sin prisas y con total libertad, algo que cada vez más parejas valoran.
Gracias por la confianza
Quiero terminar dando las gracias a Luna y Marcos por su cercanía, su alegría y la confianza depositada. Fotografiar una boda así, donde todo fluye y se disfruta de verdad, es un auténtico privilegio.
Su boda en el Cachirulo fue una celebración honesta, divertida y muy vivida, de esas que recuerdan por qué merece la pena contar historias reales.
Y eso es exactamente lo que busco en cada boda: personas disfrutando de su día, sin artificios y con recuerdos que duren toda la vida.


























