Boda en Logroño
Hay bodas que llegan de la mejor manera posible: por recomendación. Esta boda en Logroño llegó así, a través de otra pareja que ya había confiado en mí y cuya historia también forma parte del blog. Cuando alguien recomienda tu trabajo para algo tan importante, la responsabilidad se siente, pero también es un enorme privilegio.
Cris y Víctor fueron esa nueva historia. Una boda celebrada entre Logroño y Laguardia, en un entorno que mezcla La Rioja y Euskadi de una forma muy especial, y que aporta un carácter único a todo el día.
Una boda cuidada, con un gran equipo detrás
En esta ocasión sí hubo wedding planner, y fue una suerte contar con Ángeles Silvestre y su equipo. Desde el primer momento hubo muy buenas sensaciones, coordinación y una forma de trabajar muy alineada con la mía.
Cuando hay un equipo bien engranado detrás, todo fluye mejor. Los tiempos encajan, los imprevistos se resuelven con calma y la pareja puede centrarse únicamente en disfrutar.
En una boda en Logroño con distintos escenarios y desplazamientos, ese trabajo previo es fundamental para que la experiencia sea redonda.
Cris y Víctor, una pareja entrañable
Cris y Víctor son una de esas parejas que transmiten cariño de forma natural. No necesitan grandes gestos para demostrar lo que sienten.
Durante todo el día se acompañaron, se buscaron con la mirada y compartieron pequeños detalles que hablan de una conexión muy sincera.
Fotografiar ese tipo de vínculo es siempre un regalo, porque no hay que forzar nada. Todo está ahí.
San Bartolomé: románico, historia y emoción
La ceremonia se celebró en la iglesia románica de San Bartolomé, un lugar con una fuerza arquitectónica impresionante.
Adoro el románico. Su sobriedad, su historia y su forma tan particular de relacionarse con la luz hacen que cada ceremonia sea distinta.
Eso sí, también supone un reto. La escasez de luz en este tipo de iglesias complica mucho el trabajo y exige experiencia, anticipación y mucha calma.
En una boda en Logroño como esta, la experiencia es clave para saber adaptarse a situaciones complejas sin interferir en lo que está ocurriendo.
Salir de Zaragoza, cambiar de aire
Otra de las cosas que hizo especial esta boda fue salir de Zaragoza. Cambiar de ciudad, de paisajes y de ritmos es siempre una experiencia brutal.
Trabajar en otros entornos obliga a observar más, a leer mejor los espacios y a estar especialmente atento a todo lo que sucede.
Creativamente, salir fuera siempre suma, y esta boda en Logroño fue un buen ejemplo de ello.
Un reportaje de pareja entre viñas
Después de la ceremonia, aprovechamos para hacer un reportaje de pareja entre viñas. Un entorno precioso, tranquilo y muy coherente con el lugar.
Fue un momento pausado, sin prisas, en el que Cris y Víctor pudieron estar a su aire, disfrutar del paisaje y olvidarse por completo del resto.
La luz, el entorno y la conexión entre ellos hicieron que ese reportaje fuera especialmente bonito y muy natural.
Villa Lucía, profesionalidad y buen hacer
El banquete y la celebración tuvieron lugar en Villa Lucía, un espacio que funcionó de manera impecable.
El trato por parte de todo el staff fue excelente: profesionales, atentos y muy bien coordinados, facilitando el trabajo a todos los proveedores.
Da gusto trabajar en lugares así, y no tengo ninguna duda de que repetir allí será un placer.
Una celebración llena de complicidad
Durante la celebración, los amigos tuvieron un papel muy activo. Hubo bromas, risas y momentos muy divertidos que rompieron el ritmo de una manera muy natural.
Ese ambiente relajado y cercano hizo que todo se viviera con mucha verdad, sin rigideces ni momentos forzados.
En esta boda en Logroño, la complicidad entre todos fue constante.
Una boda completa y bien vivida
Esta boda tuvo de todo: emoción, calma, risas, un entorno precioso y un equipo que acompañó en todo momento.
No fue una boda grandilocuente, pero sí muy bien pensada y muy bien vivida.
De esas bodas que te recuerdan por qué merece la pena desplazarse y contar historias en otros lugares.
Gracias por la confianza
Quiero terminar agradeciendo a Cris y Víctor su gran amabilidad y la confianza depositada.
También al equipo de Villa Lucía y a Ángeles Silvestre por su profesionalidad y cercanía.
Esta boda en Logroño fue especial por muchos motivos, y sin duda es una de esas historias que apetece volver a contar.


































